✍ La piedad del Primero, excelentes secundarios y gran narración

En el seno de un poderoso imperio que representa a la única civilización digna de ese nombre se halla un peligro mortal: las brujas. Capaces de controlar la Voluntad como ningún otro son una amenaza herética para la religión de Thommen, dogma imperial. El Monasterio es el lugar donde se entrenan a los más leales servidores del Imperio: los árbitros, garantes de la justicia y la ley. Entre los mejores de ese selecto grupo surgen los inquisidores, funcionarios dotados de un poder casi ilimitado y conocedores de oscuros secretos con los que vencer a cualquier adversario. Incluidas las brujas. Este es el mundo de La Piedad del Primero

La piedad del Primero, maltrato infantil y fantasía (casi) oscura

La Piedad del Primero

El título evoca a la dura prueba del primer Emperador, llamado el Piadoso, que tuvo que dar muerte a Thomen, hijo del Creador, para acabar con el sufrimiento que padeció a manos de las brujas.

El punto de partida de La Piedad del Primero es el secuestro de varios niños para servir a la Inquisición. El autor va narrando el paso de los años y la dureza de las pruebas con exquisito gusto por el storytelling y sin recurrir al bombardeo de información. A medida que los aspirantes (niños) mueren, la riqueza de los detalles se va incrementando. Y es entonces cuando nos presenta a los personajes.

Este es un punto a favor de la novela. La lógica dicta que los personajes deben aparecer de inmediato para que el lector no se pierda. Pablo Bueno primero nos introduce en la historia, y los que sobreviven a sus primeras páginas formarán el grupo de personajes. Así nos mete de lleno en la violencia de esta escuela de inquisidores, presentando poco a poco el mundo. Sin prisa y con elegancia.

Este cuidado también se puede apreciar en pequeños detalles de la novela, como son los preparativos de los viajes, la descripción de los escenarios antes de una lucha o la información sobre un nuevo personaje. Todo en La Piedad del Primero huele a docencia. El autor va anticipando al lector para lo que viene a continuación, sin saturarle.

El tono de la novela es oscuro, en consonancia con la nueva corriente de grimdark (llevada a la fama por Joe Abercrombie con su novela La voz de las espadas), lo que aumenta su interés al distanciarse del clásico Bien vs Mal; sin embargo, el lenguaje o las situaciones planteados tienen ciertos matices que suavizan esta oscuridad. Se detecta cierto aire de no querer propasarse para no alejarse de un público adolescente. Aunque es de agradecer que se presenten personajes oscuros y de moral ambigua.

El protagonista de La piedad del Primero… y otras gentes

Mi único problema es con el protagonista, Marc. No porque no me guste sino por dos razones: su presencia vuelve invisibles a los demás y su traumática infancia no parece haberle afectado. Cada vez que Marc están en escena parece absorber a quienes hay a su alrededor. Hay mucho cariño del autor hacia su personaje principal (aunque no tenga reparos en provocarle dolor). Y no deja de recordarnos lo extraordinario que es. Eso hace que los secundarios, algunos como Gaulton, Melquior y Hollis, de gran factura, pierdan calidad cuando es Marc quien toma las riendas. Digámoslo así: si en el párrafo no está Marc, los secundarios brillan. El caso se vuelve más dramático con los figurantes, esos personajes menores que a veces no tienen ni nombre: o son obedientes, o son enemigos. Carecen de ningún tipo de criterio propio.

Respecto a la traumática infancia. Le han torturado (mucho, mucho), arrebatado cualquier sentimiento de afecto y le han adiestrado con dureza y fanatismo. Y transcurrido el aprendizaje, resulta que se vuelve un tipo con un deseo de la justicia (en un sentido universal, no la del imperio) con tendencia desobedecer o salirse por la tangente. Dentro de la lógica del personaje, es asumible que tenga sus dudas, sí, pero respecto a los métodos de impartir justicia, no los objetivos. Además, está muy necesitado de afecto. ¿Por qué aspiras a ser amado por unos campesinos que no conocen la oscuridad que tú persigues? No puedes ser inquisidor y salvador al mismo tiempo. Eres una figura de autoridad, eres ley. Confórmate con su obediencia.

La belleza del trasfondo

El punto fuerte de la novela es lo que rodea a Marc. Las historias de otras misiones, otras gentes, otros lugares. El mundo que Pablo Bueno ha creado para La Piedad del Primero es muy completo y rico en detalles. La administración imperial está bien definida con unos pocos detalles. Los enemigos exteriores se pincelan con unos pocos trazos, y luego se detallan gracias a testimonios. El mundo medieval no innova, lo que favorece una comprensión inmediata. Y hay que destacar la religión de Tommen y toda su simbología. Muy bien trabajada y muy bien integrada en la sociedad. Es una religión que no decora, sino que impregna. Entra en consonancia con la sociedad.

La mejor escena del libro es, sin duda, la reunión en la taberna tras haber completado las primeras misiones inquisitoriales. Allí, gracias a un astuto uso del diálogo, el autor nos describe otros lugares del mundo en un formato de historias dentro de la historia. Como si fueran pequeños relatos incluidos en el libro principal. Aquí hay un derroche de creatividad, imaginación y resolución de problemas perfectamente acorde a cada una de las personalidades de los secundarios. Un aplauso para el autor.

¿Recomiendo comprar La piedad del Primero?

No es una obra maestra, pero es una novela de fantasía muy bien planteada y escrita. No hay fallos de “autor novel”, esos que destacan como una hoguera en la noche; por lo que cualquiera que lea esta historia pensará que es obra de un escritor consumado. Y anticipa una mejora significativa en su segunda entrega. Si os interesa, podéis comprar La Piedad del primero, de Pablo Bueno, en Lektu.

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